lino

Estracto del audio 00:00 – 12:12

Todos estos cuates siempre estaban metidos ahí en el gimnasio.
Este era nuestro manner, el que enseñaba, nos entrenaba para el box, pero yo nunca estaba con ellos, yo trabajaba en una gasolinera.
Aprendí a manejar, me salió un viaje con los Méndez, como una semana, a traer ganado a Tehuantepec, por ahí por la sierra.
Cuando todos santos ya pasó, festejan los responsos, le llaman allá en Tlacolula, van al panteón otra vez a dejar ofrendas y llevan mariachis ahí a las tumbas.

Entonces ellos organizaron una pelea para sacar fondos para la cruz roja, este era el presidente de la Cruz Roja, este era su segundo, este era el chalán y esta era la hija de mi patrón, mi patrón, Beto Acevedo ese era el presidente de Tlacolula, pero ese día no tuvo tiempo de presentarse, entonces mandó a su hermano.

A a mi no me tomaron en cuenta ese día, yo acababa de llegar del viaje de allá y me fui al panteón, me fui a echar unas cervezas en la cantina que le dicen: “La penúltima copa”, antes de llegar al panteón.

Ahí estaba yo tomando, echando mis cervezas y oyendo canciones en la sinfonola y entonces iba a pelear un cuate de Oaxaca con uno de Tlacolula, nomás que el de Oaxaca pesaba como 54 kilos y el de Tlacolula pesaba 70 kilos, entonces eran como 15 kilos arriba del chavo de Oaxaca, entonces dice: —No, este me va a matar, mejor no peleo.— El otro ya estaba sentadote allá en el ring, estaba gordito, pegaba duro también.

¿Y ahora?, el público ya quería ver la pelea.
Mi papá se llamaba Eleuterio Sánchez Aragón, siempre le decían Tello. Vamos a buscar al Tello dice, no me decían Lino. Le preguntan a una señora, le dicen, ¿No vio usted al Tello por ahí?, dice: —ahí está en la cantina, ahí está sentadito.—

Y que viene toda la flota, Felipe y otros vinieron a verme.
—Oye Marcelino, haznos fuerte— dicen,
—¿De qué?—
—Es que un cuate de Oaxaca va a pelear con el de Tlacolula, pero ya se echó para atrás.—
—Ah, entonces yo soy el más tonto, ¿No? si aquí las cervezas están a todo dar, estoy tomando bien— le digo
—Haznos fuerte y al rato te ponemos unos cartones de cerveza— dicen.
—No, si a lo mejor no aguanto me va a noquear este cuate, mejor no voy—
—Vamos ¡Ya!—

Ya que me agarran y que me suben al ring, me pusieron mis guantes y que me bajo otra vez y que me ponen mi short. Le digo a un cuate que ya no está aquí, ya murió Felipe Calderón, era el peluquero, —Mójeme los guantes, déjemelos como bistecitos— que me los aplanara, —Échame harta manteca en la cara y en la cabeza, así en la espalda, para que me resbalen los guamazos si es que me dan— bueno, dice, van a pelear 4 rounds, —De acuerdo—

Subo yo muy salsa arriba, ¡Vámonos!
Agarra este cuate y que me pone un trancazo aquí que me levanta como 20 cm, me pone un volado aquí, me da vueltas como trompo. Buscaba yo las cuerdas, ni las encontraba. Me salvó la campana.
Va el segundo round, órale, también ya que me paro y le doy un recto entre la nariz y le doy un volado también, que lo hago dar vueltas y buscaba las cuerdas y duro sobre él. Que lo salva la campana, y de ahí, va el tercer round.

Estaba un campanero que se llamaba Manuel Acevedo, tenía un riel, un pedazo de varilla, ese era la campana, estaba sordo. Le digo con señas que no iba a oír la campana. Tu le suenas y yo no oigo, todo estaba planeado.

Fuimos al ring, va el tercer round y órale, duro y duro, que me rompe las narices y me hice yo así (se limpia la nariz con la mano) para quitarme la sangre aquí.
Yo también le estiré el moco, le di en la nariz y ahí voy sobre de él. Duro, arriba y abajo y duro, rectos y duro, volados de todos sabores, todos colores y órale vámonos.
Ya no veía, ya estaba todo papujo, cerrados los ojos y duro sobre de él y él también tiraba duro, pero ya no veía y duros los trancazos. Sonó el tercer round, pero no paramos en el tercer round, hasta el cuarto round, entonces peleamos dos rounds seguidos, el tercero y cuarto y ahí nos apartaron. Fue entonces cuando me dieron el gane a mí.

Este era nuestro cronista, Don Manuel Maldonado, él era el cronista y fotógrafo.
El presidente de la cruz de Oaxaca quería una foto porque nunca había visto una pelea dispareja que pelee sobre 15 kilos arriba de mi. Yo pesaba, pon tu, 55 kilos y el otro pesaba 70 ¿Cuántos kilos eran arriba de mí?, entonces que me mandan a bañar y me cambié y ya tomaron la foto.

Interlocutor: —¿Ahí todavía tenías la nariz sangrando?—

Sí, me lavé las narices, bien bien.
Como con la grasa me resbalaron los trancazos, me pegó en la nariz, pero no me la enchuecó, y yo como tenía los guantes mojados, le pegué como patada de mula. No es que yo tuviera mucha técnica, yo no tenía técnica, lo único que yo tenía era pegue.

Interlocutor: —¿Cuántos años tenías?—

Fue en el 63, 23 años tenía.
No me acordaba yo que me hubieran tomado esta foto, ya ni me acordaba yo de esta foto. Había un peluquero, “El charrajita” le decían, no está aquí, no peleó esa vez. Él tenía la copia de esta foto y me dice, un día fui a Oaxaca, hace como 8 años, —¿No tienes esta foto?—.
No, le digo, si ni me acuerdo, me fueron a sacar borracho de la cantina y ni me acuerdo, francamente.
—Diste buena pelea, por eso hicieron esta foto, el presidente de Oaxaca quería una foto y no sé si se la llevaron una foto a Oaxaca—
Un día fue Beatriz, sobrina de don Manuel Maldonado, él ya había muerto, y que le digo: Oye Beatriz, ¿No tienes la copia de esta foto?
La tenía yo, pero la llevé para la cruz roja, en la oficina de la cruz roja en Tlacolula, dice, si quieres te la saco.
¿Cuánto cobras?
100 pesos.
Te pago, ahí se la dejas a mis hermanos. Y la fue a dejar allá, pero ella la tenía en su casa, como el viejo ya había muerto que la va a traer, saca la foto y me la dio.
la foto original, tiene 60 y tantos años, del 63 para acá, la copia tiene como unos 7 o 6 años que la saqué, yo le puse el marquito nada más.

Pero que yo tuviera mucha técnica pues no, entonces todos estos cuates, nunca peleé con ellos, porque pegaba yo muy duro, nunca-
Este cuate al que le dicen “El gallito” Medina, fue a pelear a Los Ángeles y al primer round que me lo van noqueando, ahí lo dejaron en el ring tirado.
Entonces peleaba, pero así peleítas, nunca los reté, pegaba yo muy duro, dije: vaya a descalabrar uno, mejor no, ahí murió y yo me vine para acá en el 66, ya nunca volví a pelear, nunca.

Este se llama Arturo, este nunca supe cómo se llamaba porque vinieron de Oaxaca, este es el presidente de la cruz roja. En ese tiempo nos llevaron enfrente de ahí de Tlacolula en la casa de Don Ramón, de la sub alterna, ahí dio permiso que nos tomaran la foto, por eso salió esta imagen. (El tapiz de las mil y una noches)

(…) estracto 12:47 – 13:12

Este chaparrito le decían “El kid marro”, pegaba duro el chamaco, el chaparrito.

Y yo tenía muchas garras, trabajaba en la gasolinera, diario movía los toneles desde chamaco yo con mi papá tomaba magüey, cortaba leña, pura fibra.

estracto 14:30 – 17:01

Entonces este era don Manuel Maldonado, era el cronista él anunciaba la pelea allá, haz de cuenta que estabas viendo una pelea en la radio, así hablaba él, estaba preparado, sabía mover el pico con el micrófono.

Y luego pues como yo tenía fama, decían vamos a ver al Tello, el público me quería ver y le digo al encargado: dejen pasar a los chamaquitos. De a peso pagaban todos, que un tostón, échelo! y arriba del ring me botaron monedas, no las recogí, las dejé para la cruz roja, fueron a sacar fondos y yo que esté agarrando el dinero.

Los cuates que estaban viendo, todos los que estaban ahí, me invitaron cartones de cerveza y me decían: vamos a tomar.

Por eso se acuerdan de mi, por esta pelea.

Con todos estos nunca peleaba yo, cuántos eran mira, faltan otros, ellos siempre estaban brincando la cuerda y con el costal y la pera, yo era muy tonto para torear la pera, yo me paro y recto no tengo mucho capiceo. También si andas bailando te agarra un volado y te paran las patas, hasta miedo tenían de la mano derecha, con la recta y pegar con el peso del cuerpo, no nomás estirar la mano, ellos pegan con el volado, pero no usan el cuerpo.

He visto boxeadores que tienen mucha preparación, pero no, ya vez luego están respingando, que pesa mucho, 3 o 4 kilos que lo hacen bajar, no, yo nunca bajo, yo subo y a lo que voy, no le tengo miedo a nadie, no le he tenido miedo a nadie.

6 thoughts on “Un momento nostálgico en el boxeo, pelea para recaudar fondos apoyo a la Cruz Roja de Tlacolula

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